Poco
más o menos de 2 años, conocí a alguien que selló mi vida. Un hombre
físicamente atractivo, blanco, pelinegro, de labios rojos y fornido. Esto era
poco, porque además de ello, era inteligente, con sentido del humor y un poco orgulloso.
Todo era perfecto, hasta que un día después de una cita romántica, bajamos por
aquellas escaleras eléctricas que nunca voy a olvidar.
Iba
delante de él, llegamos al parqueadero, caminamos aproximadamente 3 MT cuando
me dijo: “Dannie hay algo que aún no te he contado”, de inmediato dije: ¡Este
con qué me irá a salir! Pasaron muchas imágenes por mi mente, suposiciones,
pero nunca sospeché lo que realmente era. Subimos al carro, Alejandro me miró a
los ojos y me dijo: “Yo tengo un secreto”. Un secreto que me dejó fría.
Llevábamos
cerca de dos meses saliendo y no habíamos tenido sexo, en realidad había sido
una decisión de ambos, queríamos que ese momento fuera especial. Nos
explorábamos mutuamente, en medio de risas, cariñitos, opiniones, música y
mucho cine. Por esos días me sentía levitando, por fin sentía eso que tanto la
gente hablaba, pero yo no hablaba de esto con nadie, solo era él y yo viviendo
nuestra historia.
Pasaba
el tiempo y me convencía más de que era el hombre con quien quería estar, hasta
que llegó octubre y sus días. Finalmente, me habló de su secreto y en realidad
no supe cómo reaccionar, entendí por qué le daba tantas vueltas al asunto y es que
no era fácil hablar de ello. Me miró a los ojos, estaban muy cristalinos y no
era el hombre radiante que tanto me gustaba, de inmediato comencé a llorar.
Alejandro
solo me decía: “Yo te quiero y no te quiero perder”, sin darle más vueltas al
asunto me dijo: “Dannie soy VIH positivo”. Me quedé fría, en realidad no sabía
cómo reaccionar y no estaba preparada para conocer esta noticia, de inmediato
lo abracé y lloramos juntos. Esa noche le hice mil preguntas, él abrió su
corazón y me contó cómo había sucedido todo, me habló de la rutina que llevaba
con sus medicamentos, la alimentación y el ejercicio, su meta era mermar el
nivel de células infectadas por el virus.
Bajé
de su auto y quedamos en que me tomaría un tiempo para asimilar la situación, él
lo tomó como un rechazo y ¡no eras así! En medio de mi ignorancia culpé al
destino, al universo, a Dios, a todo el mundo. Me di cuenta que nada era
perfecto y es que nunca lo ha sido, estaba enamorada y no lo podía dejar. Comencé
a investigar, el diagnóstico de Alejandro era VIH con carga viral indetectable.
"Indetectable"
significa que una prueba no puede detectar el virus en la sangre de una persona
que vive con el VIH, aunque todavía hay cantidades extremadamente pequeñas de
VIH. Alguien que esté indetectable durante 6 meses continuos o más, estando en
tratamiento, no transmite el virus a través del sexo. (Please PrePme.org, 2017)
Indetectable
también significa que el virus está bien controlado por medicamentos para el
VIH, lo que también se conoce como "supresión viral". Si una persona
con VIH indetectable deja de tomar sus medicamentos, el virus volverá a un
nivel detectable que luego aumenta el riesgo de transmisión. (Please
PrePme.org, 2017)
Pasaban los días y mi cabeza daba vueltas, entendí
por qué nunca me había presionado para que tuviéramos sexo, fue un acto de amor
decirme la verdad y dejar que yo tomara una decisión. Me sentí cuidada, no solo
con este gesto, si no con todo lo que habíamos compartido. Alejandro era mi alma
gemela y qué más daba, yo también tenía secretos, mi vida no era perfecta.
Jamás
le había contado el real motivo de por qué mamá nunca estaba en casa, mamá no
estaba de viaje, estaba internada en una clínica de reposo para personas que
sufren de Alzheirmer; papá había muerto cuando tenía cinco años y yo estaba aquí,
sola, en estos 200 mt2, dejando ir posiblemente al que sería el amor de mi
vida. ¿Al final que podía perder? Teniendo una vida llena de cuidados y
precauciones, seguramente estaríamos bien. Agarré el teléfono, lo llamé y desde
ahí más nunca solté su mano.
Nota:
Relato basado en hechos reales, vivencias no propias del autor.

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